martes, 5 de julio de 2016

El sexo nuestro de cada día (o de cada año)



Siempre me he preguntado del sexo de los demás, de su actividad sexual, para ser precisos. No sólo de ello, es decir, de la vida íntima de los otros (quizá como un reflejo automático del oficio de escritor de ficción). Pero el sexo siempre ha sido un aspecto aparte, digamos, una obsesión personal.

En Abril, ciclo menstrual, mi primera novela, abordé el tema como sólo se puede acomodar en una novela: desde la acción, desde la vida de los personajes.  Cuando la escribía, me preguntaba: ¿cómo es el sexo de los pobres, es como el de los cultos, como el de los infelices, como el de los adinerados?  Me parece que en principio lo básico prevalece, pero que en la periferia de la “acción” hay diferencias (aspectos como el olor, el sabor, las modas y costumbres sexuales, la higiene, los lubricantes, accesorios…) basadas en la cultura y la educación, incluso en la información que tienen las personas. Una persona con información, por ejemplo, se cuidará de no contagiarse de una enfermedad venérea, o atacará con pasión el punto G, no conocido seguramente por todos.

Alguien, así, dijo que mis novelas eran profundamente eróticas, cuando yo sólo soltaba a los perros de mis obsesiones, y me acomodaba en las fantasías, experiencias y supuestos del tema.

Lo cierto es que los motivos sexuales son el motor de nuestros días; hay quien dirá que el amor, pero el amor justifica para muchos al sexo. Cada uno de nosotros lo vive de diferente forma, lo practica o no, lo persigue, lo procura, lo alimenta o no. Algunos lo tienen cada día, incansables, otros lo perrean con dificultad, para otros no tiene importancia tenerlo o no. Algunos solteros disfrutamos el gota a gota de los encuentros sexuales, y otros jamás lo tendrán: basta mirar la soledad de los que nos rodean… en un mundo de pubis depilados, de anos aclarados, de la apoteosis de la belleza publicitada, los perdedores somos la mayoría.

Las relaciones sexuales parecen ser una receta social, un listado de requerimientos a partir de lo bien visto, de lo permitido, de lo aceptado, pero también de lo aprendido a partir de estereotipos brutalmente introducidos en nuestra razón. Alguna vez escuché la historia de un tipo que en el siglo pasado (probablemente antes que eso), se había divorciado porque se asustó de los pelos de su esposa (acostumbrado a la visión clásica de la vulva sin vello); y creo que no es un asunto viejo, está en boga la desaparición de esas divinas matas, cuando a mi me fascinan. 


Las relaciones sexuales, antes que una receta, es parte de nuestra versión biológica que se va adaptando a las creencias, a las tendencias, a las necesidades, a los gustos de una época. Pero coger es coger, si me permiten la expresión, o al menos así debería ser, sin ese peso cultural que se entromete en nuestras camas (o mesas, pisos, autos…). Una regla elemental es: todos tenemos derecho a sentir, a disfrutar de nuestros cuerpos, de otros cuerpos, de tener orgasmos o de sentir cosquillas, de ser apapachados, de ser tocados… no importa si somos gordos, flacos, piernudos, nalgones, desnalgados, peludos o lampiños… Y todos tenemos derecho a un cuerpo ajeno, o muchos (cosa de cada quien), para esa interacción constructiva.

¿Cuándo nos preocupamos más por el aspecto de nuestra barriga tumbada a un lado nuestro como si fuera un ser aparte? ¿Cuándo nuestras estrías cobraron vida y se apropiaron de nuestros sueños? ¿Cuándo necesitamos la piel perfecta para alcanzar el orgasmo sin preocupaciones? ¿Cuándo se instaló la angustia como parte de nuestros encuentros sexuales?

Por ahí encontré una afirmación que se atribuye a Marguerite Duras (El amante de la China del Norte, El amor, La amante inglesa, La impudicia…): No es tener sexo lo que cuenta, sino tener deseo. Hay demasiada gente que tiene sexo sin deseo.

Y me parece que aquí hay una parte fundamental del juego amoroso, del juego sexual: el deseo, que podría resumirse en el entendimiento de la realidad sexual como un acto más profundo en donde la lubricación es natural, en donde la penetración es mental, en donde el orgasmo cabe en todos lados, en donde el pene y la vagina pueden sobrar, en donde la sombra del vello púbico es buen lugar para la ilusión, o la barriga de una amante, la soledad que acompañamos con nuestras manos.

A coger, pues, o a soñar, que puede ser lo mismo.

sábado, 18 de junio de 2016

La calor





¿Cómo nos moldea el ambiente?

Los próximos días habrán temperaturas de más de 48 grados Celsius en Mexicali, y aquí pasarán de 30. Una considerable diferencia en los números, y que sin embargo, perturbará nuestra vida.

Somos animales que se establecen en un amplio rango de temperaturas, gracias a la tecnología y a la misma disposición de nuestros cuerpos. Nuestra distribución es amplia. Pero, ¿cómo responde nuestro humor, por ejemplo, al calor, o nuestra sexualidad, o nuestra manera de entender la vida?

La gente de Mexicali me parece honesta, franca, divertida; dicen la gente de los países nórdicos tienden a la depresión; en Tabasco, con su calor intenso y húmedo, hablan de las mujeres “tumba hombres”, eso quiere decir: ¿una disposición de los hombres a ser “tumbados”?, o ¿qué las mujeres tienen una disposición especial para relacionarse con varones comprometidos?”; a veces se refieren a las mujeres como de “tierra caliente”, pero, en todo caso, eso afecta de igual manera a los hombres (parece lógico, ¿es así?); la gente de Ensenada (en términos generales, claro), me parece más encerrada en sí misma, desconfiada; en el sur de Estados Unidos floreció el racismo, en el norte se gestó la abolición de la esclavitud.

Debe haber tonelada de información antropológica de cómo afecta el clima nuestra manera de concebir al mundo. La ropa en lugares cálidos es ligera, y los ojos se acostumbran a las piernas, a los brazos descubiertos, a los escotes; aquí me resulta imposible ir en pantalón corto al trabajo: básicamente me lo prohíben. Enseñar los dedos con guaraches es impensable.

Los niños crecen sin zapatos en lugares cálidos, aprenden a andar descalzos, a cuidarse de los alacranes… Eso incide en sus vidas adultas. Hay cierto desparpajo en la lucha contra los calores: un entendimiento de que la manera de asustarlos es variada y transforma la vestimenta. Sin embargo, en países desérticos, medio orientales, la ropa te cubre todo el cuerpo: también en respuesta al cuidado ante el medio (y la pérdida de líquidos).

Estar en la playa es andar en ropa interior (bikini o bañador), sin problemas, pero a penas te mueves unos kilómetros al norte (incluso al sur), y ya puede resultar escandaloso.

La desnudez no es igual para todos. Las culturas africanas le tienen poca estima a la ropa, e infinidad de culturas prehíspanicas, y de todo el mundo. Nosotros protegemos nuestras nalgas, nuestros aparatos reproductivos (“aparatos”, con sus engranajes hormonales), con mucho cuidado; muchos gringos, gringas, premian con una visión saltarina de sus senos a los espectadores, o a quienes les regalan baratijas en Mardi Gras, en la Nueva Orleans. ¿Todo ello es en función de los calores? No sería recomendable que lo hicieran las mujeres y los hombres en Alaska, o en Groenlandia.

Y si enseñamos más de nuestro cuerpo, ¿eso se refleja en nuestra sexualidad? ¿Es más feliz quien se desnuda completamente, es más pleno quien no se deja los calzones? En la tradición judeocristiana enseñar no es bien visto, es decir, enseñan las prostitutas, las mujerzuelas… No hay el término hombrezuelos, o prostitutos, ¿a qué se debe esa omisión? El cuerpo es el templo de Dios, y hay que darle una santa cobertura.

En la naturaleza domina brutalmente la desnudez. Hay que ver a esos elefantes con sus enormes miembros colgando para entender su felicidad sin censura.

Volviendo a los calores… Se sabe que existe una correlación entre clima e iniciación de la pubertad, y eso, por supuesto, cambia la manera de entender el mundo de los adolescentes, pero, ¿hasta dónde llega esa revolución física, hasta qué años? Y, ¿por qué se asocia la flojera con las altas temperaturas? Los futbolistas brasileños, brillantes, ¿se topan con la naturaleza sus cuerpos moldeados al calor del trópico?

Bueno, más preguntas que respuestas, y todo gracias a los 32 ºC que se esperan mañana en Ensenada.

sábado, 11 de junio de 2016

Agentes literarios





Sólo una persona me ha dicho que necesito un agente literario. En mis rumbos nadie tiene uno de esos, ni sabemos cómo funcionan, pero suena a que hacen investigación de campo. Hoy contacté a una agencia en Barcelona que amablemente respondió:

Le damos las gracias por ofrecernos la oportunidad de conocer su obra, que leeremos con el mayor interés.



Reciba un saludo muy cordial.

Que amables estas personas que nunca he mirado, estas máquinas contestadoras, estos equipos de lectura. ¿Por qué en Barcelona?, bueno, le voy a ese equipo de fútbol, y… Ahí vivió Roberto Bolaño. Es decir, en México no conozco a nadie en esos trámites, y resulta que un periódico me la sugirió: Agencia Literaria Carmen Balcells.

Quizá todo sea como un juego, es decir, tomar las cosas con calma y visitar esas islas literarias como si no pasara nada, como si todo fuera así, como jugar.

Mandé Los perros, mi novela historia de amor prohibido, mi novela historia de una quinceañera y su festejo, mi novela más cercana al infierno veraniego de Mexicali. Esa novela fue aceptada por una editorial madrileña, con el demérito de pedirme una parte del costo de la edición, o bien, que comprara 100 libros a un precio que me parecían los ahorros que no he tenido en toda mi vida:

Hemos recibido ya las evaluaciones sobre su libro y son positivas, así que nos interesa  para Verbum por su originalidad, su tema y abordaje.



El único problema que ahora mismo tenemos es de fondos, ya que en los tiempos que corren las ventas han caído y para los próximos dos años nuestro plan de publicaciones está completo, con presupuesto cerrado.

Nunca he pagado porque me publiquen. Podría haberlo hecho, su distribución no era desdeñable, pero los costos eran exorbitantes, como los ojos de un gato asustado de muerte.

Siempre pensé que sólo pagaría por una edición de mi novela La vida por los ojos, porque se presta para una edición artesanal, pero ninguna editorial de ese estilo me ha respondido (La dïéresis, por ejemplo). Pero no es sólo difícil contactar a esas editoriales, por ejemplo, Sexto Piso, en su página en la Internet, sólo tiene enlaces para gente en otros países (al parecer, los mexicanos somos muy enfadosos, o muy malos escritores). Moho es como un búnker para los que estamos demasiado hundidos en el fango (hay que sobresalir lo suficiente para ser notados).

Lo que sea, estamos curados de espanto, y tenemos la gracia de una piel de roca después de tantos rechazos. Claro, a veces amanece uno con ganas de un premio literario, o una editorial que acepte nuestro trabajo; la ilusión anda en las ferias del libro, en las bibliotecas de otros países, en los lectores que escriben cartas, en las publicaciones que no se esperan.



Ahora que recuerdo, hace algunos años quise convencer a una persona para que me ayudara con esos trámites de buscar editoriales... Viviana Beltrán. Ella se asustó ante la posibilidad de enredarse entre tanta basura, y prefirió ser mi amiga... Hizo bien, lo otro era una quimera.

sábado, 4 de junio de 2016

En tiempo real... Cuando el fin nos alcance






¿Cómo escribía Perec, Proust, o Kafka? ¿Cómo avanzaba en sus obras Gabriel García Márquez, o Fernando del Paso? Ellos no tenían el recurso de la Internet para la investigación inmediata, para la duda en el instante.

Cuando comencé a escribir con cierta formalidad, vivía en la Ciudad de México, en la vecindad de la calle Río Lerma, y para escribir me acompañaba de un diccionario de sinónimos, mi pequeña biblioteca detrás de mi y mis revistas. Y navegaba. La investigación más profunda se hacía en las bibliotecas públicas (de la UNAM, en la Biblioteca de México, incluso en esa pequeña biblioteca en la San Rafael: Sor Juana Inés de la Cruz). Eran otros tiempos.

Ahora me cargo los libros importantes e, invariablemente, cada día me acomodo en el café, en donde hay una buena conexión. Y acabo de asistir, en tiempo real, a una boda en Barcelona, y a una peluquería en Osaka, en donde le cortaban el cabello a un niño; mantengo conversación con una chica de Laos (en Tailandés), y el Google Académico me manda avisos de cuando se publica un artículo que tiene que ver con migración de cloroplastos en fitoplancton. Sofisticado y encantador.

Pero aún me cargo los libros importantes, aquellos que son básicos en el proyecto en curso, y en la cajuela de mi carro tengo un pequeño archivero en donde tengo textos que necesito en papel.

A veces imagino que el fin del mundo comenzará con la caída de los sistemas de comunicación, y que será lento, en décadas, quizá un siglo, y que necesitaré de mis viejos textos. Ayer me encontré en las tiendas de segundas (artículos usados), un diccionario Alemán-Español, y ya está en mi librero. Lo cierto es que sigo escribiendo como me diría el Maestro Huberto Batis: tomando de aquí y de allá, haciendo un collage de imágenes que provienen del Tumblr o de la calle, de videos, o de recuerdos.

Los viejos escritores eran unos genios, yo soy un oportunista, una especie de cazador de retazos, un pepenador de vivencias ajenas y propias.

¿Cómo trabajan los escritores de la actualidad? Sé de algunos que tienen sus estudios en casa, que se encierran, que necesitan de silencio. Yo no puedo, necesito espacios abiertos y escuchar a Deborah de Luca o a Paula Cazenave, u “hojear” los periódicos del mundo… Eso si, sin nadie a mi lado.

Otra de mis manías es comprar libretas, libretas diferentes, de otros mundos, lo que al final puede ser útil.

Sin embargo, si el mundo terminara con la Red, se perdería mucho del pensamiento de la humanidad que hoy es para todos: nadie vería el video de Daido Moriyama y sus memorias de un perro, o aquel de Ensenada en 1978,  o el baile del Tao Tao en una boda en Tamaulipas, o aquel mercado en Maek Long, a un lado de las  las vías del tren en Tailandia (en donde me paseo a veces, cuando cierro los ojos).

La riqueza de todos los tiempos (documentados), al alcance de los ojos, de los oídos.

Lo que me consuela es que, si el fin del mundo es al contrario de lo que pienso, veloz, no tendré que lamentarme de lo que se perdió.

(la foto es de Daido Moriyama)

domingo, 29 de mayo de 2016

De rivalidades futbolísticas




Para mis amigos, con quienes discuto siempre de estos matices... Wily e Iván

Rivalidades en el fútbol, hay muchas. Añejas, nuevas, infladas… América/Guadalajara en México (sin olvidar al los equipos norteños: Monterrey y Tigres, al Atlas, también en Guadalajara y contra éste; lo mismo que el Cruz Azul y los Pumas de la UNAM, en varios cruces contra el América…); en Argentina el River Plate/Boca Juniors, en Perú el Alianza de Lima/Universitario de Deportes, en Chile el Colo Colo/Universidad de Chile… En el resto del mundo es igual, el derbi del Cairo es entre el Al-Ahly y Zamalek SC; en Sudáfrica el derbi de Soweto: Orlando Pirates contra Kaizer Chiefs; en Macedonia le dicen clásico “eterno” a la rivalidad entre el Vardar Skopie y el FK Pelister… en Francia hay varios, pero destaca Le Classique París Saint-Germain versus Olympique de Marsella… En Inglaterra hasta están clasificados por zonas, por ejemplo, en el noroeste destaca el Manchester United versus Liverpool; el derbi del oeste de Londres se da entre el Chelsea contra el Fulham…

Y habrá que diferenciar: un clásico es un partido de futbol con mucha historia, tradición y rivalidad, y un derbi es un encuentro entre clubes de la misma ciudad, que además puede ser un clásico, supongo.

A mi me gusta un clásico en particular: el del Barcelona contra el Real Madrid.

En otra publicación, ingenuo probablemente, y quizá tendencioso (pues le voy al Barça), llamé a esa rivalidad como el bien en contra del mal. No es mi intención repetir ese texto, pero después de una liga bien compleja (donde ganó el Barça, además de la Copa del Rey), y de una Champions League que me pareció desangelada al final (y que ganó el equipo madrileño), esta rivalidad me resulta más que evidente. Cito al periódico deportivo AS (evidentemente pro Real Madrid): El lateral (Arbeola), micrófono en mano, recordó el famoso 'contigo empezó todo' de Piqué. El Bernabéu se lanzó: "¡Piqué, cabrón, saluda al campeón!". Un gesto curioso, picarón, pero que no es sino uno de muchos ejemplos de hasta donde se lleva el encono en contra del equipo rival. Ejemplos hay muchos: el mismo Gerad Piqué, defensa central del Barça, en múltiples ocasiones ha hecho comentarios que evidentemente buscan el juego, el fuego verbal, en contra de los madridistas.

No queda sin embargo ahí, en el fondo se trata del equipo de la comunidad autónoma de Cataluña, y el equipo de la capital española, que alberga las sedes del Gobierno, las Cortes Generales, ministerios, instituciones y organismos asociados, así como la residencia oficial de los reyes de España y del presidente del Gobierno, ni más ni menos. Luego entonces, pareciera que, detrás de la pantalla deportiva, hay una intensa política que va desde los colores hasta la autonomía, el idioma y finamente la idiosincrasia, y que se traduce en un odio a veces evidente, a veces escondido, y que reluce en la afición y en sus jugadores.

Sin embargo, fuera de los clubes, muchos de esos jugadores comparten la camiseta de la selección española, en otra manera de maquillar las cosas, pretendiendo que todo es igual. Sin embargo, una manera de entender el patriotismo de los catalanes nos lo da un histórico del club Barcelona, Pep Guardiola, que llegó a declarar: Soy catalán de Cataluña. Por tanto, si hubiera selección catalana, jugaría con Cataluña. Como catalán que me siento, sería un placer estar en una selección catalana, aunque es una cosa complicada y difícil que parece que va para largo”.

Sobra decir que si el Barcelona fuera un equipo de media tabla, su presencia futbolística y política no sería influyente; sin embargo, es uno de los clubes más populares de España y del mundo, y con una efectividad endiablada en los últimos diez años: 23 títulos, nada más, y con una imagen carismática bien trabajada desde la institución polideportiva.

Para cerrar… en términos simples, abracé el juego del Barcelona por la simple belleza de su juego, no por los colores de su estelada (la bandera no oficial de Cataluña), ni su himno o su lenguaje… Abracé el juego de ese equipo por la gracia, por el toque, por la elegancia y la contundencia… porque ante el poderío del otro equipo, y su bravuconería, se presentó un grupo de elementos no muy robustos, no muy altos (Xavi, Iniesta, Messi, Pujol, Busquets…), y plantearon un estilo arrebatadoramente lejano de la brutalidad habitual, de la simple sociedad en la cancha, y llevaron el fútbol, a otro nivel… Y lo siguen haciendo.

Es decir, fuera de la rivalidad de fondo, que hace sabrosa la contienda, prefiero a ese equipo por cosas más simples, pero igual de llenadoras: un juego en la cancha, once contra once.

De México, prefiero no hablar, hay mucho relleno en su liga.

martes, 24 de mayo de 2016

Regresiones




En otro de mis blogs, Derecho a réplica, una entrada alcanzó más de dos mil seiscientas visitas. No estoy acostumbrado a esos números, quizá mi mejor entrada después de esa tenga setenta vistas (para ser precisos, 69, número cabalístico), y eso me daba alegría.

¿Cuántas novelas he vendido? El tiraje de Furia en Abril fue de mil ejemplares, y puede haber más de 600 en las bodegas de la UAM; yo tengo probablemente 100 libros. Números modestos. La vida simple… Me dieron 100 ejemplares, y del resto del tiraje no sé nada. Números pobres. Veo que Furia en abril se anuncia en línea, en Alibris,  dedicada a la venta de libros nuevos y usados; lo mismo encuentro esa novela en la biblioteca de Brown University, en Rhode Island (extraños caminos, y en los siguientes temas: Women > Violence against > Mexico > Ciudad Juárez > Fiction). Ciudad Juárez… Su imaginación se fue algo lejos de aquí.

¿Cuántas visitas tiene Baba Norte?, la revista que parimos algunos aquí en la Baja. Algunas decenas, calculo.

Así que una sola entrada en un blog casi personal tuvo una magnífica acogida, seguramente gracias a la sugerencia de un amigo a través de Facebook, y la lectura se hizo… El poder de las personas con carisma.

Pero… ¿eso es lo que deseaba que leyeran? Naturalmente, lo escribí para que fuera leído, pero, ¿estaba pensado para unos millares de lectores? Reviso mis textos y encuentro más de una docena que verdaderamente me entusiasmaron, pero ah cabrón, quería yo quejarme de las ideas necias de algunas personas en esta ciudad pequeña, y anda que me escucharon. El tema no importa en este espacio (ya lo dije en el otro), pero sí que hubo hasta quien se quejó de la imagen que le adosé… Más ojos son más maneras de entender no sólo el texto.

No es trivial, no en la vida de un escritor poco leído; parece absurdo, más aún cuando en otros espacios me quejaba de… De la falta de lectores, sí. ¿Esto presagia más ideas de ida y vuelta? No parece, de esos miles, sólo algunos comentaron en diferentes foros, algunos otros compartieron, la gran mayoría leyó en silencio; si hubo exclamaciones, si hubo quejas agrías, disgusto o gusto, queda entre el lector y el texto, y entonces reflexiono sobre el acto íntimo de la lectura.

Espero no me pateen el rostro alguna noche de esas que me escapo, perro, de casa… que me tope con algún resentido, algún mal lector, o mejor aún, un buen lector que desenmascare mis cojeras literarias.

O quizá esa inusual tropa de lectores sea simplemente una ilusión, un momento de desvarío colectivo que, inocuo, es un buen tema para reír con los amigos lectores de toda la vida. Como sea, los escritores raramente seremos como los futbolistas, probablemente más cómo los árbitros, y creo que es preferible.

Ya con los días, estoy seguro, se irá aplacando el polvo, y todo volverá a la normalidad, a la crítica sencilla, al entusiasmo de un lector a la vez, y voltearé de nuevo a otros lados.


viernes, 6 de mayo de 2016

Ensenada norte



Para hablar de Ensenada con agudeza, con filo despellejador, hay que ser ajeno a ella, ser visitante o extranjero. No se puede describir con profundidad lo que creemos nuestro, lo que suponemos nosotros mismos, lo que amamos. A lo que es familiar lo descuidamos de muchas maneras, creemos conocerlo y no buscamos más; con lo que queremos somos cuidadosos, le perdonamos las faltas. Ni soy de Ensenada ni la aprecio sustancialmente. Llegué, como suele suceder, motivado por la presencia de una mujer. Podría haber sido Tecate, o Mexicali, pero siempre es llamativo el mar.

Aquí el mar tiene olor a mierda, y parece que la gente lo festeja. ¿Es posible que sean los vertederos que la misma ciudad tiene en la costa? Entre más te alejas del área urbana menos apesta. Los atardeceres son sublimes, pero los atardeceres están en todos lados. Las playas son baños públicos, de caballos, de perros y de gente; la basura es la fauna inerte más común.

Tampoco hay que odiarla, no demasiado. Podemos detestar lo desagradable, si, como en cualquier lugar, pero el odio no conviene a nuestros fines.

Otro día caminaba por la Avenida Juárez (una de las referencias nacionales, Juárez), y me crucé con una pareja que me pareció diferente: una mujer no mal parecida, pero de aspecto descuidado, y un tipo joven, vestido de negro, con sombrero. Aún encuentras gente con sombrero aquí, es el norte. Parecían de aquí pero también de ningún lado, extraviados. Lo inusual es no haberlo notado antes, haberme dejado comer por la vida cotidiana y haber obviado los rostros, las maneras de los habitantes de Ensenada.

A pie entiendes de otra manera a la ciudad, la aprendes de otra forma. En el transporte público miras a la gente, te acercas a su transpiración. Camina, anda entre ellos, acuéstate con sus mujeres y con sus hombres, desentraña su verdad, entiende la simpleza de sus actos o su complejidad, destruye 20 años de tu vida en un matrimonio, o dos, para entender la naturaleza de los bajacalifornianos. O quizá te sientas cómodo con una mujer de toda la vida, y te quedes para siempre aquí, comprendiendo en cambio lo que es el amor verdadero, la gracia de la rutina, o sencillamente vivas sin pensar en nada.

Las calles de Ensenada no son como las de la Ciudad de México, o como las de los Territorios Palestinos (quizá se parezca más a estos, en las colinas de la Colonia 89), son calles si, mexicanas, con hoyos, pero con casas de techos de madera y paredes de tabla roca. Igual hay muchas casas rodantes (trailas, les dicen), pero lo nacional se funda en un sinfin de hogares recién construidos con los modelos del sur: casas de interés social, pequeñas y vulnerables, en colonias que se vuelven barriadas peligrosas en donde escasea especialmente el agua. Las calles de Ensenada a veces parecen de un país diferente, en donde el centro histórico no es colonial, sino de influencia gringa. Ensenada no es una de esas ciudades de edificios con paredes gruesas manchadas por la humedad, ni de barandales corroídos, ni de aires cargados de la esperanza de la selva… Ensenada es una ciudad de paredes huecas y garrapatas en los patios. Ensenada brilla mucho pero se oscurece con la niebla, con el polvo de desiertos más desiertos. Ensenada no es una Cenicienta, es una mujerzuela más tirada a los silencios, a los vestidos usados con anterioridad (le llaman ropa de segundas), a la repetición, a la copia de otras identidades.